sábado, 30 de abril de 2011

El descanso: Iznájar

Pues aprovechando una insoportable tarde de sábado, documentaré un poco la semana que pasamos en Iznájar (Subbética - Córdoba) mientras por toda España intentaban salir las procesiones, bajo la amenaza de la misma puñetera lluvia que me tiene encerrado en casa esta tarde.
Se trata de unos cuantos pueblos sumergidos en un ondulante mar de olivos, que inspira tranquilidad, creo que por su regularidad y su aire puro, que huele a... nada. No huele a nada, a diferencia del aire que respiramos en Huelva, que unos días huele a mierda seca, otros a coliflor cocida, y otros a lo que huela, que tampoco se sabe muy bien a qué.
Iznájar está encima de un gran cerro, en medio de una península dentro del mayor embalse de Andalucía. El sitio es espectacular. Es una localidad en la que lo cotidiano es amable, sencillo y de regusto antiguo. Y con café bueno por todos los bares, cosa que, como todo el mundo sabe, es fundamental para relajarse de verdad.
Iznájar, desde la terraza 


La casa que alquilamos junto con mi hermano (o como si lo fuera) Ilde, su mujer Elo y su hijo Pablo, casi nos brindó la oportunidad de olvidarnos durante unos días de la tralla que dan los/as mocosos/as, al estar sueltos como bichos libres en una terraza que podría rondar los 600 metros cuadrados, con columpios, mesa de pin-pon, zona de barbacoa (¡con botellero!) y plancha. Obviamente, Ilde y yo nos encargamos de probar a conciencia este último equipamiento. El consumo se acercó a las dos botellas de whisky, una de ron y, de memoria, seis u ocho litros de cerveza. Esto, unido a varios kilos de carne, chorizo rojo y criollo, panceta, y otros cuasi-estupefacientes, configuró una dieta de desintoxicación de la vida cotidiana y su estrés familiar y laboral que, al volver a casa, nos dejó un regusto melancólico que me hizo recordar la vuelta a casa cuando acababan las vacaciones de veinteañero.







 El pueblo, en su parte alta, conserva la estructura morisca, de calles estrechas, castillo e iglesia del S. XVII de interior barroco, como muchas de la Sub-bética.



Nos encontramos una vistosa procesión el Domingo de Ramos. Sobre la borriquita de un Jesucristo local se fotografiarion mis hijas, bajo la vigilancia del propietario del vehículo, cuyo permiso de circulación no tenía límites de acceso.



Algunos días salimos de visita por los pueblos cercanos. Poco vistosos, hay que decirlo. Centrados en la actividad agrícola y, salvo Lucena, agrociudad de considerables dimensiones y más de 40.000 habitantes, un patrimonio histórico artístico importante y un centro urbano con mucha vida y maravillosas tascas dispensadoras de Montilla-Moriles, el resto no nos llamaron especialmente la atención.

Rute

El aceite de esta zona tampoco me sorprendió por su sabor. Lo noté falto de aroma, bastante neutro. Extraño, tratándose posiblemente del mayor olivar de Europa.

Lucena, barroca.





En Lucen, el teléfono de Ilde nos habló de un tal Restaurante El Valle, y su acierto justificó la pasta que cuesta el teléfono (suerte que fue un regalo). Milhojas de ternera con setas y salmorejo para "echar pa'bajo" el asunto. Inmejorable relación calidad precio.







Cabra, ciudad natal de Juan Valera

Total, que con el plan de estos ocho días, la vuelta fue un poco más triste de lo habitual, aunque con las baterías cargadas (no precisamente de litio), la rutina diaria se ha asumido con más capacidad y ganas.


lunes, 25 de abril de 2011

Comer en Ronda

Y a la ida del citado viaje, y por segunda vez consecutiva, elegimos el Restaurante Hermanos Macías. Céntrico, bonito local, coqueto y rondeño, con personalidad, tanto como sus trabajadores, encabezados por el metre, cuya corbata jamás contactará con el salmorejo (cuando vayáis, entenderéis por qué). La taberna anexa, de arte.
Tienen una colección de gorras de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, otra de sujeta-corbatas... Mientras te traen de comer, te puedes entretener con las curiosidades de las paredes. Muy andaluz todo; como tiene que ser.
La carta, estupenda. Sin pamplinas posmodernas. Salimos más anchos de lo que entramos, y de matrícula de honor, las croquetas. Tengo que decir, y digo, que es posible que superen a las de bacalao de mi suegra, y son equiparables a las de perdiz del Molino de la Romera en Carmona.

Ellas

Comer en Utrera

A la vuelta de mi primer fin de semana que podría llamarse romántico, es decir, sin las niñas anulándonos como pareja, nos paramos a comer en Utrera, de vuelta de Marbella. Tela. Bien de comer, y magnífico precio y servicio. Nada de gaitas pretenciosas. Buen producto, buena cocina y barato. Restaurante La Brasa. Ejemplos (que aproveche):

La brocheta.

La leche frita, forzando la máquina digestiva.

El Club de Padres

Otra cosa con guasa. A unos cuantos de estos individuos subversivos los conocí hace como treinta años. Igual más, porque era edad tan infantil que ni siquiera tengo registro en el disco duro. Suerte que tiene uno de disfrutar de amigos como estos. En concreto al de la cazadora azul, que antes tenía más pelo que yo, así como también un efecto mortal con las chavalas (que jamás yo tuve). Y también al de la corbata, que hay que temerle cuando se viste así, porque indica que le toca empapelar a alguien (puede que también salvarle los trastos a otro alguien). Respecto del resto de este magnífico grupo, los conozco hace apenas un par de años, al que más, pero tampoco hace falta tiempo extra para darse cuenta de su güenagentismo (encuéntralo en el diccionario si tienes coj...era).
Resulta que hemos recorrido todas las etapas de nuestras vidas juntos y, una más, nos encontramos con nuestras/os hijas/os en el mismo colegio de esta ciudad de provincias. Y por supuesto, a nosotros, que no necesitamos demasiado para reírnos a pesar de algunos pesares gordos, nos reunimos cada mañana en el bar de  Pepe, alias "elcomedor" (me refiero al bar, no al dueño) para arreglar el mundo o terminar de joderlo de una puñetera vez, porque desde luego a veces es lo que parece estar pidiendo a gritos.
Gracias por los buenos ratos, mamones. Bendita rutina.

Arte urbano

Se trata de una pintura en una pared, en la calle ¿Expresión popular? ¿Artística? ¿Las dos? ¿Ninguna? Guasa, desde luego, sí. Suficiente.

lunes, 11 de abril de 2011

Los viejos tiempos...

...que luchamos porque no mueran. Bueno, si todo va bien (como hasta ahora), agonizan de forma crónica, pero no mueren. Un fútbol que otro (haya o no haya fútbol en la tele), y un ratico flamenco que otro, nos traen, de forma regular, fotos como estas. Un abrazo.